martes, 10 de abril de 2012
La primera vez
Dentro de poco me tocaría a mí, quedaban dos personas. Cada vez me estaba poniendo más nerviosa y no podía relajarme y disfrutar de las obras que tocaban mis compañeros. No era algo nuevo: había tocado en conjunto, con más gente, en alguna audición ya, y también había tocado delante de gente yo sola, pero aún así me ponía siempre muy nerviosa y tensa.
Las manos me sudaban, la viola se me resbalaba y decidí dejarla en el estuche hasta que llegara mi turno, no paraba de mover la pierna y de abanicarme con el programa de mano y estrujarlo.
Miraba a mi profesor de vez en cuando, que no quitaba la vista de la persona que estaba tocando, luego paseé la mirada por el resto de la sala observando las caras de los familiares, amigos y profesores que estaban escuchando con atención aunque un poco cansados ya porque se estaba alargando bastante la audición y hacía calor... ¿o era sensación mía? No sé, el caso es que veía que me iba a equivocar y me iba a salir mal como las otras veces, estaba demasiado nerviosa.
De pronto aplaudió todo el mundo. Había terminado la chica que iba antes que yo. Era mi turno. Me levanté, cogí el instrumento y las partituras, las coloqué en el atril, afiné, miré a la pianista que me iba a acompañar, me sonrió y me tranquilicé un poco, di la entrada y empezamos a tocar.
Mientras tocaba notaba como mis dedos iban solos, no tenía que pensar casi, entonces decidí relajarme más y dejar que pasara lo que tenía que pasar. Sin darme cuenta acabé. No sé si me habría equivocado en alguna nota, pero me daba igual, la gente me aplaudía contenta (no sé si porque lo había hecho bien o porque ya quedaba menos para irse, pero aplaudía). Ya no estaba nerviosa, ahora me podía volver a sentar en mi silla a escuchar cómo acababa el concierto. Estaba feliz. Miré a mi profesor, me sonrió y asintió haciendo un gesto de aprobación.
Ésta fue la primera vez que toqué en el conservatorio en una audición de solista y en la que salí con una sonrisa, porque siempre que había tocado había terminado con una sensación de insatisfacción conmigo misma porque me había equivocado o no había pensado en lo que tenía que pensar o la técnica no me había salido... Por una vez estaba contenta con el resultado y no simplemente con el hecho de habérmelo quitado de encima.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Creas muy bien la expectación y, por lo tanto, los nervios. Muy bien,Marina.
ResponderEliminar