jueves, 23 de febrero de 2012

Relato de Sergio Fernández


Lo primero es presentarme: soy Juan Giménez, archiduque del condado de Madrid. Quiero destacar los hechos que me han acaecido en el día de hoy. Esta mañana, en mi visita al Alcázar de Madrid, he coincidido con un pintor llamado Diego Velázquez; hemos estado conversando sobre el cuadro que actualmente está pintando y me ha mencionado los numerosos personajes que retrata en su obra.

Como protagonista, está la Infanta Margarita rodeada de Isabel de Velasco y María Agustina Sarmiento de Sotomayor. María Bárbara Asquín, Nicolasito Pertusato, que se sitúan en la parte derecha de la obra.

Marcela de Ulloa, situada detrás de Agustina Sarmiento de Sotomayor, José Nieto Velázquez situado al fondo del cuadro debajo de la puerta , Felipe IV y su esposa Mariana de Austria reflejados en un espejo del fondo de la habitación y que tenía intención de autorretratarse con la paleta y el pincel en la mano.

Poco después, al verme tan interesado por la obra, me ofreció ver cómo la pintaba. Cuando llegué a aquella planta baja del Alcázar vi que era todo exactamente igual que como lo estaba pintando, la puerta situada al fondo, el espejo que en la obra reflejaba a Felipe IV y su esposa Mariana de Austria, aquel ventanal por el que entraba la luz que alumbraba el cuadro. Me di cuenta de que estaba siguiendo su propio criterio al utilizar la técnica del claroscuro para destacar la figura de José Nieto Velázquez.

He quedado fascinado con este pintor.

Siguiendo con el relato de mi día de emociones fui invitado al baile de la corte donde pude conocer al gran Quevedo y disfrutar de sus chistes sarcásticos; nos relató parte de su próxima obra que se llamará la Historia de la Vida del Buscón.

En la cena tuve el honor de estar sentado entre Góngora y Pedro Calderón de la Barca, el cual nos recitó un fragmento de su comedia Hombre pobre todo es trazas, que nos hizo reír mucho.

Para terminar la fabulosa velada, Juan Cabanilles nos deleitó con una pieza tocada al órgano llamada “Gloria Patri et Filio”.

Todo esto sucedió el día 17 de marzo de 1656.

Relato Bruno López


De camino a la Taberna del Turco me doy cuenta de que tendría que haberme puesto más ropa, porque en febrero en Madrid hace un frío que pasma. El caso es que no pensaba salir tan temprano pero ha sido esta madrugada cuando ha ocurrido el nefasto percance. Mi amo, Don Lope, ha perdido a uno de los actores que trabajaba en su obra La Dorotea

Ha ocurrido de madrugada. El destino ha querido que “Fernando” muera batiéndose en duelo con el marido de su amada en la realidad. Parecido a lo que le ocurre en la obra, en la que también hacia el papel de amante de “Dorotea”.

Mi amo Don Lope me ha pedido que me acerque donde El Turco porque allí se reúnen los actores que esperan que alguien les de trabajo.
De camino a la Taberna,  pienso en qué actor podrá sustituirle en la obra y como va a aprenderse el papel en tan poco tiempo. Es la pieza teatral en la que mi amo Don Lope ha metido más dialogo.
El estreno será dentro de tres días en el Corral de la Cruz  y  tiene a mi amo hecho un manojo de nervios. Lleva mucho tiempo trabajando en la que piensa que será la mejor de sus piezas teatrales. Además, de ella depende que paguemos las deudas de los últimos tiempos y comer en los siguientes.

Ya en la taberna, hablé con los posibles candidatos a los que podría interesarles el trabajo por ser antiguos actores. Unos ponían pegas por la dificultad de aprenderse el papel, y otros por no poder dejar otras obras que se estaban  representando en Madrid en esos momentos, de Cervantes y Calderón rivales en pluma de mi amo Lope.

Vuelvo a casa como partí, sin haber resuelto el problema, el estomago vacío pero con mas frío.
Cuando llego a casa, Don Lope espera con impaciencia la noticia y le cuento lo inútil que ha sido mi encargo. Su desesperación no tiene límites. Había puesto todas sus esperanzas en que su obra fuera representada ante el rey, ya que había oído que se pasaría por el teatro de incógnito, una costumbre que tenía por su afición al teatro y a mezclarse con la chusma. Sería vista por todo Madrid y el éxito era seguro.

De pronto noté su mirada clavada en mí y sus palabras me dieron vértigo, bueno, y el hambre que tenia.“Tu serás el “Fernando” de La Dorotea. La conoces mejor que nadie, hemos leído los diálogos, te los sabes de memoria, los has  recitado para que yo pudiera oírlos mil veces…”
Esa noche no pude dormir. Por supuesto que no comimos nada.
           
Y aquí estoy, subido al escenario, haciendo el papel de Fernando. El caso es que al principio me temblaba la voz de miedo pero me fui haciendo con el personaje  amante de Dorotea y me gusta ver cómo la gente ríe o llora con lo que digo.

No me extrañaría nada que mi amo fuera un escritor muy conocido en el futuro y que esta época de miseria y de guerras que estamos viviendo se conociera como el Siglo de Oro de las Letras porque la verdad es que al público le ha gustado mucho la representación. No dejan de aplaudir. Y el rey me ha dirigido un saludo… 
                                                                                                       
 Bruno López