lunes, 5 de marzo de 2012

IMANOL CARRO


Mi nombre es Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma.
Estoy intentando recordar los episodios más relevantes de mi vida, con el fin de aclarar mis ideas e intentar descifrar qué ha podido suceder para que ahora me encuentre en esta situación tan desagradable para mí.
Nací privilegiado, hijo del marqués de Denia y nieto de San Francisco de Borja. Tuve una educación impecable en la corte de Felipe II, donde aproveché para ganarme el favor del entonces heredero, Felipe III. Ya entonces comprendí cuál iba a ser mi función: sería el valido del rey, alcanzaría poder y gloria y todo el reino cumpliría mis órdenes.
Cuando Felipe III alcanzó el trono, mis habilidades y estrategia consiguieron alejar del rey a los cortesanos más influyentes del reinado anterior, trasladé la corte a Valladolid y puse a gente de mi confianza en los puestos de palacio más cercanos al rey. ¿Qué había de malo en ello? Por entonces yo tenía grandes proyectos, entre los que se encontraba acabar con los conflictos heredados de Felipe II.
El rey se mostraba indiferente y yo creo que era incapaz de gestionar la política española, por lo que cultivé la inclinación real por la caza, el juego y los deportes y así logré mantenerlo lejos de la actividad política, de la que yo me encargaba. Yo hice lo que debía hacer por el bien del reino. ¿Quién se atreve a decir lo contrario? Es verdad que, a la vez, conseguí amasar una gran fortuna, títulos, territorios y rentas. Pero, ¿no es eso, acaso, un premio que el reino me debía por mi labor? ¿Es que el rey disponía de menores rentas sólo por ir de caza y delegar todo en mí?
Logré firmar la paz con Francia, Inglaterra y Holanda. Esto me permitió reconstruir la economía interna y mejorar la situación del reino. Y expulsar a los moriscos representa un logro para la corona que mi inútil rey jamás conseguirá pagarme.
Sin embargo, mi actual tristeza no se debe a esas decisiones que aún creo correctas, sino a la desafortunada relación con mi hijo, el duque de Uceda. ¿Por qué es incapaz de entender que la paz nos favorece?   Siempre le he educado conforme a mis ideas y, sin embargo, creo que se está aliando con la reina contra mí. Intuyo que mi futuro será perder el favor de ese miserable y desagradecido rey al que represento.