martes, 28 de febrero de 2012

La literatura barroca por un ciudadano de a pie.

Yo estuve presente cuando la novela de caballerías desapareció y fue sustituida principalmente por la picaresca, en aquella terrible época de crisis social y decadencia del imperio español y con él la caída de su política. Durante estos duros momentos, el género literario se dividió y cada escritor se adaptó, mediante diferentes actitudes: Francisco de Quevedo optó por un pesimismo radical mientras que otros, como Félix Lope de Vega o Luis de Góngora, decidieron que en sus escritos se evadirían de la realidad, mediante la creación de nuevos e imaginarios mundos. Pero no todos los escritores crearon nuevos géneros porque coincidiendo con este duro periodo económico había también una gran escasez de ideas y temas, por lo que se volcaron en el virtuosismo lingüístico. Yo hubiera preferido un periodo más expresivo, pero dadas las circunstancias no se les podía exigir más. Quizá por ello, de los dos movimientos que surgieron, mi preferido fue el culteranismo, que adornaba todo con las más bellas figuras literarias que yo hubiera podido imaginar. No me desagradó el conceptismo, pero no era el tipo de lectura que me gustaba ni al que estaba acostumbrado, al no gustarme los juegos de palabras. Este movimiento terminó por hacerse un pequeño hueco en mí y aún continúa allí.
Respecto a los géneros yo prefería y prefiero la novela, aunque la poesía no me resultó ni mucho menos desagradable. El teatro no fue para menos, aunque yo me inclinaba por la prosa y los anteriores, al poder leerlos una y otra vez. En las representaciones me gustaba sentarme delante para poder escuchar con claridad todas aquellas obras maestras, pero cuando eso no era posible, durante la inmensa mayoría de la funciones, me enfadaba y me colocaba en un lugar tranquilo a reflexionar sobre la situación económica y sobre los temas de la representación. Había días enteros que me los pasaba admirando una y otra vez las sutiles líneas entre las que se escondían aquellas historias que nunca podré olvidar.
                                                                                                                                Mario Boyano 4º A