martes, 6 de marzo de 2012

Relato Carlos García

Eran las 8 de la mañana y como todos los días, a la vez que los rayos del sol iluminaban todas las calles y rincones de nuestra ciudad dorada, yo empezaba mis clases particulares de francés con mi tutor don Gerardo; era un hombre bastante recto y estricto, y no me pasaba una cuando no me sabía la lección. Aquel día volví a quedarme encerrado en el cuarto de estudio recibiendo lecciones de los mejores profesores españoles contratados por mi padre, el Duque de Medina-Sidonia Juan Guzman, un gran noble con muchas posesiones y señoríos en Andalucía, el cual era muy respetado por la aristocracia española. Era un noble de alta casta y muy rico,por lo que una de sus principales preocupaciones era garantizar la permanencia de nuestra familia en tal escalón estamental que ocupábamos desde generaciones; y puesto que yo, Luis de Medina, era su único hijo y, por lo tanto, heredero de la dinastía, quería formarme para convertirme en un gentilhombre de provecho.

Sim embargo yo cada vez estaba más harto de todo aquello, de no tener libertad de movimiento, de ir siempre con guardias por las calles de Sevilla captando la atención del pueblo llano y de recibir clases aburridas e interminables ; yo quería ver cómo era la vida sin ataduras, pudiendo caminar por las calles sin que ningún curioso te mirase , ir a la iglesia solo un día a la semana y poder casarme por amor, y no por sangre; sin embargo mi padre en siempre contestaba lo mismo: “ un hombre poderoso y con influencias como lo serás tú no debe preocuparse y mucho menos envidiar a esos desarapados muertos de hambre” y a esto añadía: “ Luis,en pocos años tu heredarás todo esto como lo hemos heredado todos desde generaciones; serás un hombre con mucho poder, nunca te faltará de nada, y con un poco de suerte puedes llegar a ser valido del rey; por lo que haz el favor y no pienses más en eso; si Dios nos hizo así fue por algo”. En eso tenía razón, pero aun así cada día observaba desde la ventana de mi habitación el jugar de unos mozos ; estaban sucios y vestían ropas rotas, pero parecían muy felices. A lo lejos divisaba la silueta de las casas y la torre de Giralda, cada vez más oscura por las garras de la noche, entonces comprendí que todo aquello debía cambiar.

Mi padre y yo tuvimos bastantes discusiones sobre el famoso tema los días posteriores, las cuales se fueron agravando a medida que pasaba el tiempo hasta que un día la actitud de mi padre cambió radicalmente:

“Puesto que no hay quien te saque esa idea de la cabeza me veo obligado a que la sociedad te la extirpe de raíz; a partir de mañana te mudarás y trabajarás en la ciudad como un campesino más” me dijo, y esa fue la última vez que le oí hablar. Y tenía razón, los meses que pasé trabajando como aprendiz de curtidor fueron los más duros de mi vida; la poca higiene hacía de aquel taller un verdadero infierno, y las herramientas rudimentarias fueron las responsables de mis posteriores problemas respiratorios. Fuera del taller, la cosa no marchaba mucho mejor; me tocó vivir en una pensión de mala muerte, en donde había muchos maleantes y mendigos que se agarraban al cuello de aquel que poseía unos recursos económicos ligeramente mayores a los normales.Cada vez más gente era llevada ante la justicia por evasión de impuestos, ya que su constante subida era impagable para la gran mayoría de gente pobre, y a veces sientía una gran tristeza al ver a guardias llevandose consigo a familias enteras.

Todo aquello me hizo reflexionar, sentía la necesidad de hacer algo por toda esa gente,pero si por ahora solo era un humilde curtidor que ganaba una miseria.Sin embargo unas semanas después recibí una horrible noticia: mi padre había muerto, y por lo tanto al ser yo su heredero me convertía en el nuevo Duque de Medina.Aquello no era para nada de mi agrado ya que yo aún era muy joven y no sabía cómo actuar, y me amargaba más el hecho de no haberme podido despedir de él; pero entre tanto pesimismo me surgió una disparatada idea que, aunque disparatada, podría resolver los problemas de aquella sociedad desigual: convertir Andalucía en un reino similar al antiguo Reino de Aragón, en donde yo ocuparía el trono, pero compartiría el poder con unas cortes, las cuales podrían contar con dos representantes del pueblo llano.

Tras un año de planificaciones,negociaciones,sobornos y perfeccionamientos con algunos oficiales ,el plan estuvo listo y, agravado por las insurrecciones en comunidades vecinas decidimos adelantar la fecha del golpe, comunicándoselo a la Capitanía General de Málaga (desde la que se iniciaría el levantamiento) mediante el envío de una carta urgente; pero de nuevo la suerte me dejó de lado, ya que la carta fue interceptada por un guardia real el cual cargó contra el cartero creyendo que este era un bandido, la enseñó a sus superiores y estos la enviaron a Madrid; las tropas del rey no tardaron en llegar y presentarse en mi señorío, llevándome preso a mí y a mis allegados al Alcazar de Segovia acusados de alta traición; de nada sirvieron las manifestaciones de los campesinos sevillanos indignados por aquel arresto, los cuales fueron duramentente reprimidos por las autoridades.

Durante los siguientes días fui sometido a toda clase de torturas y vejaciones (que me han dejado cicatriz) hasta el día del juicio, con Su Majestad y su valido presentes; mi final era evidente para todos, puesto que era lo mínimo que se podía esperar para alguien que había cometido semejante acto.Pero entonces Dios me dio una segunda oportunidad; gracias a las influencias que mi padre llegó a tener y al prestigio deshonrado de mi familia, Su Majestad Felipe de Austria( seguramente agobiado por todos los problemas por los que pasaba nuestro imperio) me condenó a destierro en el Nuevo Mundo para el resto de mi vida, y gracias a eso hoy os cuento mi historia; la de un noble adelantado a su tiempo.

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