Mi nombre es Francisco de Sandoval y Rojas,
duque de Lerma.
Estoy intentando recordar los episodios más
relevantes de mi vida, con el fin de aclarar mis ideas e intentar descifrar qué
ha podido suceder para que ahora me encuentre en esta situación tan
desagradable para mí.
Nací privilegiado, hijo del marqués de
Denia y nieto de San Francisco de Borja. Tuve una educación impecable en la
corte de Felipe II, donde aproveché para ganarme el favor del entonces
heredero, Felipe III. Ya entonces comprendí cuál iba a ser mi función: sería el
valido del rey, alcanzaría poder y gloria y todo el reino cumpliría mis
órdenes.
Cuando Felipe III alcanzó el trono, mis
habilidades y estrategia consiguieron alejar del rey a los cortesanos más
influyentes del reinado anterior, trasladé la corte a Valladolid y puse a gente
de mi confianza en los puestos de palacio más cercanos al rey. ¿Qué había de
malo en ello? Por entonces yo tenía grandes proyectos, entre los que se
encontraba acabar con los conflictos heredados de Felipe II.
El rey se mostraba indiferente y yo creo
que era incapaz de gestionar la política española, por lo que cultivé la
inclinación real por la caza, el juego y los deportes y así logré mantenerlo
lejos de la actividad política, de la que yo me encargaba. Yo hice lo que debía
hacer por el bien del reino. ¿Quién se atreve a decir lo contrario? Es verdad
que, a la vez, conseguí amasar una gran fortuna, títulos, territorios y rentas.
Pero, ¿no es eso, acaso, un premio que el reino me debía por mi labor? ¿Es que
el rey disponía de menores rentas sólo por ir de caza y delegar todo en mí?
Logré firmar la paz con Francia, Inglaterra
y Holanda. Esto me permitió reconstruir la economía interna y mejorar la
situación del reino. Y expulsar a los moriscos representa un logro para la
corona que mi inútil rey jamás conseguirá pagarme.
Sin embargo, mi actual tristeza no se debe
a esas decisiones que aún creo correctas, sino a la desafortunada relación con
mi hijo, el duque de Uceda. ¿Por qué es incapaz de entender que la paz nos
favorece? Siempre le he educado
conforme a mis ideas y, sin embargo, creo que se está aliando con la reina contra
mí. Intuyo que mi futuro será perder el favor de ese miserable y desagradecido
rey al que represento.
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