martes, 27 de marzo de 2012

Mi primera vez que...

           Cuando iba a subir estaba muy nervioso, demasiado. Muchas personas me dicen que es normal y que hay que superarlo puesto que es parte del encanto y del espectáculo. Cuando el presentador dijo nuestro nombre, subimos al escenario. En ese momento ya todo era confuso. Lo más agobiante, en genereal, es la sensación de que vas a hacer algún gesto mal o no vas a saber estar a la altura de lo que se espera de ti, eso muchos lo llaman vergüenza. Muchos no han subido nunca a un escenario, y mucho menos actuando o representado algo, esos muchos no pueden quejarse de tu forma de ser cuando te subes, porque todo el mundo se transforma encima de un escenario.
         Empezamos a tocar todos a la orden del director. En ese momento ya nada te importa, solo te concentras en tocar lo mejor posible, o eso dicen, porque yo desde luego no podía pensar y no podía dejar de tener miedo a equivocarme en alguna nota rápida o peor aún, en una nota larga. Entre una canción y otra siempre intento buscar a familiares o amigos en el público, pero la luz cegadora de los focos no permite a mis ojos fijarse en nada y mucho menos reconocer a nadie. A pesar de que se lo has repetido a tus familiares, siempre tratan de humillarme echándome cumplidos y piropos, aunque ellos no se dan cuenta.
         Lo peor con diferencia de cuando estás subido en el escenario es cuando te presentan, dicen tu nombre y aplauden. Ese momento incómodo en el que no sé cómo comportarme y casi siempre me acaba saliendo un gesto seco o muy ensayado. La mayoría de las veces opto por una sutil inclinación pero no deja de ser difícil aun teniéndolo planeado. Cuando terminé de tocar el último tema, salimos todos del escenario y la relajación irrumpe en tu cuerpo. En ese momento ya no te preocupas de cómo salió el concierto, te preocupas de las sensaciones y de cómo te lo pasaste en el escenario. La verdad es que en muchos de los casos se me hace muy corta la actuación, y aunque haya estado tocando casi una hora, siempre me quedo con ganas de tocar algún tema más. Así que de todas formas mi primera actuación, para un público, en un escenario, no fue tan mala o desastrosa como yo pensé que podría ser.

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