lunes, 27 de febrero de 2012

EL BILLETE DE SU TUMBA


Don Juan Manuel se encontraba en la esquina, inquieto, cuando llegó su fiel compañero Francisco Carlos; ambos eran escritores. Solían pasar las tardes en la taberna de Mercedes, escribiendo lo primero que se les pasara por la cabeza y bebiendo.  Muchas veces se armaban grandes trifulcas entre ellos dos y el resto de las personas de la taberna. No es que podamos decir que tuvieran muchos amigos. Una vez, oí por el barrio la historia de que a don Juan Manuel le habían partido una botella en la cabeza, quedando la cabeza desangrada y él en el suelo. Solo porque oyó decir que Quevedo era mejor que Góngora.
Pues bueno, cuando se encontraron se dirigieron rápidamente a mi palacio. Les había encargado que escribieran una novela, en estos últimos meses me había aficionado a esta literatura, sobre todo a la de Francisco Carlos. Mostraba un mundo horrible, aunque en realidad lo único que hacía era radicalizar el nuestro, todos los problemas eran los mismos, pero en distinta escala. Mientras que Juan Manuel prefería mostrar un mundo ideal sin ningún problema para evadirse  así de la realidad.
Hoy escogería a mi escritor personal, ya llevaba casi dos años con los dos, pero me había cansado de no tener uno propio, pues muchas veces no me escribían en el momento en que se lo pedía porque estaban escribiendo para otros lectores. Decidí entonces, que hoy sería la última novela que había mandado escribir de uno ellos. Ambos escritores me entregarían hoy las novelas a las doce de la mañana y cuando acabara la semana les diría quién seria mi escritor personal. Así fue como pasó, sin ningún dato relevante a mencionar, pues todo ocurrió con normalidad. Algo que tal vez tenga un poco de relevancia fueron los nervios increíblemente grandes que tenía Juan Manuel.
La novela  de Juan Manuel trataba sobre un pastor que le iba quitando terreno por las noches a su vecino, poniendo más lejos las piedras que limitaban su parcela. Cuando éste muere se lo llevan los diablos, mientras los ángeles buscan sin resultado una buena acción para salvarle, de repente uno encuentra que reza cada día a la virgen María, se le alejan todos los demonios y van los ángeles a llevarle a las puertas del cielo.
La obra de Francisco Carlos contaba la historia de cómo un niño huérfano se tenía que ganar el pan para sobrevivir. Pasa de un dueño a otro, a cada cual peor. Pasa por personajes importantes, como un cura o un hidalgo, por ejemplo. A lo largo de la historia va criticando duramente a la sociedad y su gobierno.
Al leer esto se me saltaron las lágrimas, era tan cruel, pero tan cierto. No quise que nadie más leyera tan buena obra, pero más que su billete a la buena vida era su billete  a la tumba. Lo mandé quemar en cuanto terminé la última página, la última, palabra, la última letra. Lo mandé en mi presencia rápidamente, y díjele lo siguiente: “Su obra es brillante, pero agradable, si alguien la leyera pueda darse por muerto. Está vez no diré ni mandaré nada, pues me ha proporcionado buenos ratos con tanta novela. Le aconsejo que se vaya de aquí y que empiece de cero, no creo que le sea difícil”  Francisco Carlos cumplió mi consejo de inmediato y se marchó al día siguiente.
Bueno, y esta es la historia de cómo he terminado con Juan Manuel como leal escritor, he de decir que con los años ha mejorado mucho, su estilo ha variado desde su mundo idealizado hasta el pesimismo que tenía  porsu fiel compañero, pasando por un mundo falso y fantástico.  También he de declarar que no tiene muchas ideas y temas diferentes, pero esto lo tapa con todas las metáforas, hipérbatos y cultismos que utiliza.


Paula Ruano Arregui 4ºA

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